Libros de la Vida: “Mendel el de los libros” de Stefan Zweig
Por Juan Carlos Gallardo
Una vez más, es placentero constatar que estamos frente a un maestro en el arte de escribir, que siempre roza la perfección. Su prosa está como recién limpiada, desinfectada y libre de impurezas. Además, alardea de una precisión de neurocirujano. Y directa, para con muy poco, mostrar la esencia de los personajes.
En este caso, la de Mendel, un anciano bibliógrafo judío ruso que había estado treinta años atendiendo a sus clientes desde su mesa cuadrada en un café de Viena, allá por la década de 1910. Sale a la luz gracias a esta narración, para transformarse en una estrella más del universo fulgurante de Zweig.
Sin las hoy denominadas habilidades blandas para desenvolverse en la vida, sin capacidad para relacionarse con el mundo real, Mendel sin embargo, “es el hombre más capaz en toda Viena y además auténtico, un ejemplar de una raza en extinción, un saurio antediluviano de los libros” Así nos atrapa Zweig en la descripción sublime de esa mente extraña y prodigiosa y sus circunstancias.
A Mendel me lo imagino con sus gafas redondas concentrado en lo suyo frente a su mesa. Tiempo atrás me tocó presenciar cómo un anciano rabino estudiaba su libro sagrado a bordo de un barco de turismo, en plena travesía por el lago Nahuelhuapi rumbo a la isla de Los Arrayanes, en la Patagonia argentina, en un día maravilloso y con un paisaje insuperable. Iba con su familia y era el único que no prestaba atención a nada, inmerso en su mundo, en medio de ese espectáculo mágico, sin levantar los ojos del libro durante toda la travesía. No vio nada, ni supo nada de su entorno. Sólo él y su libro sagrado. Lo recordé ahora leyendo a Mendel el de los libros, por ese estado de concentración interior.
Pero hasta ahí llegan las similitudes. Zweig, nos deja claro que Mendel “Había abandonado al riguroso Dios único, para entregarse al politeísmo brillante y multiforme de los libros”.
Mendel, es también una reflexión sobre lo efímero y fugaz de la existencia. “¿Para qué vivimos, si el viento tras nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas? Es difícil no emocionarse con el desenlace de esta crónica sensible y conmovedora sobre el olvido y el abandono.
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