Rafaela Capó, la triatleta puertovarina que apunta a la élite mundial
La triatleta de 22 años viene de firmar la mejor temporada de su carrera, con medallas en los Juegos Suramericanos y la Copa Continental de Santa Fe, además del título sudamericano Sub-23. Formada en Puerto Varas, hoy proyecta su camino hacia la élite mundial con la mira puesta en los Juegos Olímpicos de Brisbane 2032.
Detrás de las competencias internacionales y el ritmo frenético de los torneos en Europa y Sudamérica, hay una historia que se tejió entre el lago y los volcanes que caracterizan el paisaje de Puerto Varas. Con tan solo 22 años, Rafaela Capó se posiciona como una de las principales promesas del triatlón a nivel nacional, pero su brillante presente deportivo se forjó pedaleando por las calles de la comuna y nadando en las aguas frías del Lago Llanquihue, antes de dar el salto al circuito olímpico de la disciplina.
La triatleta local está firmando la “mejor temporada que he hecho” luego de posicionarse como la mejor chilena en la carrera individual y obteniendo medalla de plata en los relevos de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. No contenta con ello, recientemente se quedó con el bronce en la Copa Continental de Triatlón Santa Fe 2026 y se coronó como Campeona Sudamericana Sub23 2026.
Actualmente, la joven deportista compite en las distancias olímpicas del triatlón: Sprint y Olímpica. En este tipo de formatos, Rafaela se desempeña activamente dentro de su categoría actual (Sub-23) y en Élite. Las distancias estándar u olímpicas constan de 1.500 metros de natación, 40 kilómetros de ciclismo y 10 kilómetros de trote, mientras que la modalidad Sprint reduce estos tramos a la mitad. Este tipo de carreras se diferencian de, por ejemplo, el Ironman 70.3 (media distancia) de Puerto Varas, que contempló 1.9 kilómetros de natación, 90 km de ciclismo y 21.1 km de trote.
Hoy, instalada en la élite de la disciplina y viviendo en Santiago para lanzar su carrera, la triatleta se toma una pausa en su agenda para conversar con El Heraldo Austral sobre su esfuerzo, sus primeros pasos en el rubro, el apoyo de su familia, las exigencias del deporte de alto rendimiento y las proyecciones olímpicas de una deportista que, gracias a la disciplina, se codea con los principales rostros del triatlón a nivel mundial.
Los inicios
Si bien la triatleta nació en Santiago, a menos de un año de vida su familia se trasladó a Puerto Varas, ciudad que la vio crecer durante prácticamente toda su infancia y adolescencia, por lo que se identifica plenamente como sureña y puertovarina. Estudió toda su vida en el Colegio Alemán, primero en Puerto Varas y luego en Osorno, donde vivió durante cuatro años. Sin embargo, su familia regresó a la ciudad lacustre cuando Rafaela comenzó a cursar 6to básico, y fue aquí donde finalizó su educación escolar.
La joven deportista reconoce que, si bien sus inicios en la natación se dieron en Puerto Varas, fue en Osorno donde comenzó con sus primeras aproximaciones al deporte competitivo, participando en talleres de natación y atletismo. Capó narra que fue durante esta etapa donde tuvo su primer acercamiento al triatlón, luego de ver una carrera por televisión donde participó Bárbara Riveros, la triatleta más destacada en Chile.
No fue hasta su regreso al Colegio Alemán de Puerto Varas (6to básico) cuando Rafaela les solicitó a sus padres meterse de lleno al triatlón, no obstante, su madre le impuso una condición: debía “afirmarse con las notas”. No hubo mejor incentivo. A finales de ese mismo año, Capó cumplió con el requisito y comenzó a practicar la disciplina en el club del establecimiento educacional de forma recreativa.
La confianza y el apoyo de sus padres es un factor común que se repitió en diversos puntos del relato de la deportista, especialmente en la etapa inicial. Otro ejemplo clave de su respaldo ocurrió para una navidad, cuando le regalaron una bicicleta de ruta para que continúe con su formación en la disciplina. Rafaela bromea con que sus padres le vieron “proyección” a los 12 años, aunque reconoce que fue más bien una apuesta a ciegas que terminó resultando a cuenta gracias a su desarrollo posterior.
“Mis papás no son atletas, mi mamá no hacía mucho deporte y mi papá era árbitro. Yo creo que mi gen competitivo nació porque nos metieron en el deporte desde chicos y me rozaba con mis hermanas (mayores), que tenemos casi la misma edad. Yo intentaba seguirlas a ellas, y al final cuando tú tienes a alguien más grande, que es mejor e intentas seguirlo, siempre vas a tirar para arriba”; asegura Capó.
Luego de desempeñarse en el ámbito local durante su adolescencia, Rafaela tuvo su primer gran salto internacional al clasificar al Mundial Escolar de Triatlón en 2019, que se disputó en Francia, donde logró el cuarto lugar mundial escolar y se consolidó como la mejor chilena de su categoría, superando a rivales que antes la vencían. La deportista señala que este momento fue un punto de inflexión en su carrera que le permitió darse cuenta de su potencial.
Logros y tropiezos
Desde ahí, su carrera ha crecido exponencialmente. A sus 22 años, Rafaela afirma de forma tajante que esta ha sido “lejos la mejor temporada que he hecho”, explicando que tanto su rendimiento como su enfoque personal alcanzaron un nivel superior a todo lo que había logrado antes, lo cual, le deja excelentes sensaciones para el año que viene.
Sin embargo, sus recientes desafíos no han estado exentos de dificultades. Luego de posicionarse como la mejor representante femenina del país en los Juego Suramericanos 2026, la puertovarina se trasladó inmediatamente a España para competir en el Campeonato Mundial de Triatlón Sub-23 2026, su primer mundial en esta categoría. Sin embargo, la previa no fue ideal, ya que se enfermó del estómago tres días antes de la competencia, lo que la dejó mermada físicamente y un paso por debajo del nivel de las demás corredoras, por lo que no pudo demostrar todo su potencial y tuvo diversas dificultades en el transcurso de la carrera.
“Al día siguiente estaba destrozada, muy decepcionada, porque la situación se me fue de las manos y no podía hacer nada. Estaba muy frustrada, pensaba que se me había ido una oportunidad que no sé si vuelva a tener”, explica Capó. Pero gracias a su resiliencia, logró dar vuelta la situación y selló grandes desempeños en sus próximas carreras en Italia y Argentina respectivamente.
Rafaela reconoce que el éxito en el alto rendimiento requiere altas cuotas de una “obsesión sana”, disciplina estricta y resiliencia ante las lesiones o los malos resultados.
Actualidad, financiamiento y descentralización
Actualmente, la corredora local se encuentra estudiando la carrera de Nutrición en Santiago (ciudad a la que se mudó hace un par de años para profesionalizar su carrera). No obstante, debido a la alta exigencia de las prácticas presenciales y el deporte de alto rendimiento, evalúa congelar temporalmente sus estudios.
Uno de los temas centrales en la trayectoria de Rafaela Capó es la viabilidad de proyectar una carrera deportiva internacional desde regiones. La triatleta reflexiona sobre el rol de Puerto Varas como una cuna formativa inigualable, donde las condiciones geográficas y el entorno escolar le permitieron adquirir las habilidades técnicas esenciales de la natación, el ciclismo y el trote durante su infancia y adolescencia.
Sin embargo, la deportista es sincera respecto a las limitaciones que enfrentó al dar el paso hacia el profesionalismo. La necesidad de contar con un grupo de entrenamiento de élite, la dirección de su entrenador actual y las exigencias de sus estudios universitarios en Nutrición la llevaron a tomar la decisión de trasladarse a Santiago.
“Todos los deportes tienen habilidades que se aprenden cuando eres chica. Mi base de natación es tan buena que hoy me hace la mejor nadadora en el triatlón chilena, eso es gracias a lo que me enseñaron en el Colegio Alemán de Puerto Varas y en Osorno”, afirma Capó. No obstante, la joven deportista destaca que si bien el sur entrega la base física y el carácter para competir, el sistema deportivo nacional aún exige a los atletas radicarse en la capital para acceder al roce y los recursos necesarios para despegar hacia la élite mundial.
Ante la pregunta del sustento de su carrera deportiva, la triatleta asegura que actualmente está siendo financiada gracias a una combinación entre el apoyo de la federación, becas y auspicios de empresas privadas, lo que le permite costear parte de sus giras internacionales y concentraciones.
Futuro
Con la mirada firmemente puesta en el alto rendimiento internacional, Rafaela Capó proyecta su carrera deportiva con ambición y claridad tras cerrar la que considera la mejor temporada de su trayectoria. Con apenas 22 años, la triatleta nacional se prepara para afrontar su último año en la categoría Sub-23, consciente de que los siguientes meses son claves para consolidar su transición definitiva hacia la élite adulta mundial.
A mediano y largo plazo, el gran horizonte de la deportista formada en Puerto Varas apunta al ciclo olímpico de Brisbane 2032. Aunque reconoce que los próximos Juegos de Los Ángeles 2028 llegan demasiado pronto en su curva de maduración competitiva, Capó continúa puliendo cada detalle junto a su equipo técnico —priorizando su evolución en el trote y adaptándose al ritmo de las copas continentales y mundiales— con el objetivo de posicionar definitivamente a Chile en los escenarios más exigentes del triatlón global.
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