• 15 de Abril

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El embarazo y sus cambios: ¿Qué pasa con el cuerpo de las mujeres?

  • La maternidad conlleva profundas transformaciones en el organismo, muchas veces asociadas a malestares, pero también a beneficios. Especialistas detallan cuáles son las principales consecuencias corporales y emocionales de ser mamá.  

Es una verdadera metamorfosis y, por ende, los cuidados médicos durante y después de la etapa de gestación aumentan. El cuerpo se manifiesta y se hace notar, a través de náuseas, dolores musculares, sensaciones positivas, y otras no tanto. Lo cierto es que el convertirse en madre influye notoriamente en la salud de las mujeres.   

   

El doctor Francisco Ávila, ginecólogo de Clínica Santa María, habla de tres principales alteraciones:   

   

  • Cardiovascular y respiratoria: El volumen de sangre aumenta en alrededor de un 50%, por tanto, también se incrementa la frecuencia cardiaca y ventilatoria. “Los efectos del crecimiento del útero y de la presión abdominal generan cambios en la mecánica respiratoria”, explica el profesional.  

  

  • Hormonales: La mayor presencia de hormonas propias de la gestación junto con la placenta son las causantes de síntomas como sueño, náuseas, vómitos y riesgo de diabetes.  

   

  • Columna: El avance del embarazo y el crecimiento del útero alteran el eje de la columna, generando una curvatura mayor que, ante situaciones como escoliosis previa o sobrepeso, puede desencadenar dolores lumbares y de sacro. 

   

Al respecto, Carlos Sandoval, kinesiólogo de Vidaintegra, advierte que durante la lactancia también podrían presentarse problemas posturales como “afecciones lumbares, cervicales, dorsales e interescapulares, entre medio de los omóplatos, frente a lo cual, es importante acudir a un especialista para tratarlos”. Además, agrega que los movimientos repetitivos para cargar al recién nacido, bañarlo o vestirlo, pueden ocasionar lesiones en hombros, codos y muñecas. “Esa actividad produce una sobrecarga en las articulaciones y los tendones, lo que podría generar una tendinitis que se puede tratar”, manifiesta el profesional.  

  

Para prevenir molestias más profundas se recomienda realizar una evaluación preconcepcional antes de intentar un embarazo. “Enfocarse en llegar con un peso ideal, corregir patologías previas como anemia o hipotiroidismo, y tener una rutina de ejercicios que permita enfrentar el proceso de gestación con un buen tono muscular, permitirá disminuir riesgos de diabetes, hipertensión, lumbalgia y otras enfermedades”, afirma el ginecólogo de Clínica Santa María.   

   

Lo ideal es ajustarse a los aumentos de peso de entre 7 y 10 kilos, llevar una alimentación saludable e ingerir suplementos con fierro. “Los talleres de preparación para el parto, la actividad física regular y la kinesiología de piso pélvico, permiten mantener esa zona fortalecida y disminuir los riesgos de desgarros, incontinencia y prolapso en el futuro”, concluye el Dr. Ávila.   

Emociones a flor de piel


La sabiduría del cuerpo se expresa en su máximo esplendor porque, pese a los esfuerzos y a las transformaciones que muchas veces generan incomodidad, cada movimiento prepara a las madres para asumir su rol. Así sucede durante el parto, cuando la liberación de hormonas en el cerebro puede calmar incluso el dolor físico. “La endorfina, por ejemplo, ayudará a la mujer a relajarse y generar bienestar entre cada contracción”, afirma Catherine Molina, psicóloga de Clínica Dávila.   

 Por su parte, la liberación de oxitocina permite a la gestante generar un vínculo, conexión y amor hacia su hijo o hija. Dicho neuropéptido induce efectos antiestrés, por lo que baja la presión arterial y ritmo cardíaco, se genera relajación y bienestar. Este también favorece la etapa de lactancia, ya que “se considera un controlador o mediador emocional que permite incrementar la confianza, generosidad y empatía”, explica la psicóloga.   

   Sin embargo, alrededor de un 15% de las mujeres en el mundo presenta depresión postparto. “Es considerado normal que, durante los primeros días, hasta dos semanas, las mamás tengan ansiedad, llanto, inestabilidad emocional o falta de concentración, pero la permanencia de estos síntomas en el tiempo puede generar un diagnóstico que requiera tratamiento”, afirma el ginecólogo de Clínica Santa María.      

La psicóloga Catherine Molina detalla algunas señales para estar atentos:  

   

  • Estado de ánimo depresivo o cambios graves de humor. 
  • Llanto constante. 
  • Dificultad para establecer vínculos con el recién nacido.  
  • Pérdida o aumento del apetito.  
  • Alteraciones en el hábito del sueño como insomnio o hipersomnia.  
  • Falta de energía, interés o entusiasmo por actividades que solía disfrutar. 
  • Miedo a no ser una buena madre y desesperanza. 
  • Dificultad para pensar, concentrarse y tomar decisiones.  
  • Sentimientos de inutilidad, vergüenza y/o culpa.  

   

Los principales factores de riesgo son antecedentes familiares, suspensión de tratamiento antidepresivo durante el embarazo, privación del sueño y falta de red de apoyo. En este sentido, los expertos recomiendan informarse previamente sobre los cambios físicos y hormonales que sucederán y buscar la compañía de amigos, familiares o profesionales de la salud.  

   

 

Disminuye riesgo de cáncer


Dentro de los efectos positivos, el Dr. Alex Renner, oncólogo de Clínica Santa María, destaca que la lactancia materna, por al menos 6 meses, reduce el riesgo de desarrollar cáncer de mama a futuro. “Especialmente en las mujeres que tuvieron su primer hijo a edades tempranas, es decir, antes de los 30 años o en aquellas que han tenido varios hijos”, afirma.    

 Asimismo, se reduce la probabilidad de desarrollar cáncer de útero en torno a un 50%, “porque durante el embarazo y el parto se produce una baja temporal de los niveles de estrógeno, la hormona que muchas veces está asociada a esta patología”, explica el especialista.   

   Por otro lado, el Dr. Francisco Ávila, ginecólogo de Clínica Santa María agrega: “Los periodos sin ovulación, o sin exposición de la mujer a los ciclos hormonales, parecen ser protectores frente al riesgo de tener cáncer de ovario y endometrio”. Un beneficio más que puede otorgar el proceso de gestación.