Por: Ónika Guerrero Bravo.

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Un cumpleaños, una boda, el verano, Navidad, feriados, vacaciones… siempre es buen momento para reunirse con la familia y cuando vivimos lejos de ella, lo valoramos el doble.

Hace poco me reuní con la mía. El motivo: un matrimonio. Y si normalmente se pasa bien en los matrimonios, imagínense en uno en donde te juntas con un familión que no has visto en mucho tiempo. Era diversión segura. Tanto así que mi esposo me dijo que mis ojos brillaban como nunca.

Efectivamente lo fue, pero mirando en retrospectiva empecé a analizar a esta fauna humana a la que llamamos familia. Y creo que me divertí un poco más…

Y es que está la familia esa con la que conviviste, tus padres y hermanos, generalmente. Después la que formaste o formarás algún día, tu pareja e hijos. Pero está también la familia extendida: abuelos, tíos, cuñados, concuñados, suegros, sobrinos, primos en todos los grados posibles y todo aquel que se le quiera incorporar. Es como para llamarle fauna realmente ¿o no?

De todo este batallón, concretamente sólo elegimos (y esto por vivir en Occidente) a la pareja, y aún así en muchos casos la descartamos. Complejo, imagínense lo que queda para el resto. El punto es que a la mayoría de ellos no podemos renunciar nunca.

No nos pongamos negativos, tampoco queremos renunciar a ellos, a la mayoría los amamos incondicionalmente a pesar de los errores que continua y mutuamente nos perdonamos.

Están la mamá y el papá, esos sí que perdonan todo. Los únicos que disculpan todo de corazón. ¿O no? Se puede demorar uno más que el otro, pero disculpan sí o sí al final. Son incondicionales. Los puedes mandar literalmente a un lugar indeseable y apestoso y ellos te mirarán con amor igual. Los hijos entran en este grupo, no precisamente por conciliadores, sino porque es irresistible para los padres perdonarlos.

Vienen después nuestros hermanos, esos queridos compañeros de andanzas y travesuras cuando somos niños; y que en la adultez se convierten en confidentes y amigos. Cuando éramos pequeños las peleas eran el pan de cada día, pero a los pocos minutos ya estábamos de besos y abrazos. Pero ojo, que cuando crecemos las palabras y las acciones los pueden ofender enormemente. Digamos que tienen menos tolerancia que los padres y se piensan más el perdón. Pero terminan haciéndolo tarde o temprano, en la mayoría de los casos.

La pareja, bueno eso es capítulo aparte. Con esa peleamos, nos odiamos, nos amamos, somos mejores amigos, padres, hijos, psicólogos, confesores, prestamistas, choferes, cocineros y un infinito etcétera. Pero al final las cosas o están bien o están mal. Juntos o separados. Casados o divorciados. Así de simple. Siempre me ha parecido extraño que dos personas que convivieron por muchos años, de repente se odien y separen sus vidas para siempre, como si de un día para otro fueran dos desconocidos. Me cuesta entenderlo. Pero las relaciones interpersonales son definitivamente parte de los misterios de la humanidad.

Y después viene el resto… los primos a los que quieres como hermanos, sobrinos que has visto crecer, tíos y abuelos que pueden ser como tus padres, familiares políticos que te enchufa tu pareja, y quien diga que no se casa con ellos también está en el más absoluto de los errores, pero con quienes puedes llegar a entablar relaciones maravillosas, sólidas y duraderas. Bueno hay casos y personas excepcionales, allí está lo divertido de esto, sino no tendríamos sabores o sinsabores en esta vida. ¿Verdad?

Cuéntenme quién no se ha quedado hasta el amanecer conversando con los hermanos, con los papás, con la pareja sobre la vida de algún familiar. Las últimas novedades, que si se casó, que en qué trabaja, que si está gordo, si le va bien, si le va mal. Sin mencionar aquella oveja negra que toda familia “normal” tiene, pero esa ovejita es la que le pone colores y matices a las historias del álbum familiar y generalmente es el más adorable y quién más carcajadas nos roba.

Pero en definitiva, familia es familia y cariño es cariño… dice una canción de Rubén Blades. Pueden haber miles de problemas, diferentes tipos de carácter, malentendidos, pero cuando estamos juntos olvidamos todo, ponemos las cosas en standby por un rato y nos entregamos a las risas, a los recuerdos, a comer como si el mundo se acabara mañana, al baile, al canto, a la fiesta, a ese amor que va más allá de cualquier cosa finalmente; y en ese momento todo fluye, todo es perfecto, podríamos quedarnos allí, como en una instantánea, para siempre. Cómo me pasó en aquella boda…con mi fauna humana.

 

 

 

 

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