Satisfecha y contenta, después de haber vivido una experiencia que recordará por toda su vida, regresó a Alemania la alumna Clara Weber, quien durante poco más de un mes compartió con la comunidad educativa del Instituto Alemán de Frutillar como estudiante de primer año medio, esto como parte de un programa de intercambio estudiantil recíproco, que permitió anteriormente a su familia recibir en tierras germanas a la alumna Catalina Berríos, quien cursa cuarto año medio en el DS frutillarino.

Catalina vivió como un miembro más de la familia Weber por un periodo de dos meses, lo que le permitió conocer más acerca de la cultura y costumbres locales, perfeccionando de paso su dominio del idioma alemán. Destaca además la oportunidad de crecer como persona: “Personalmente sirve para ser más independiente, y para aprender a valorar lo que tienes en tu casa, porque te despegas de todo, estás sola, a millones de kilómetros de tu casa, entonces te das cuenta y valoras realmente lo que tienes, porque después lo extrañas demasiado, y te hace independizarte porque tú regulas tu plata, lo que comes, ves lo que haces, entonces te ayuda a crecer como persona”, explica la alumna.

El programa de intercambio, apoyado por la Liga Chileno-Alemana, dio luego la oportunidad a Clara, hija mayor de la familia Weber, para venir a Chile y compartir con la familia de Catalina. Sobre su experiencia, Clara recalca que pudo practicar el español aprendido durante los dos últimos años en el sistema educativo alemán, compartiendo además con amigos y compañeros cuya forma de ser, explica, es muy distinta a la de los alemanes: “La gente es muy diferente, son muy diferentes y abiertos. En Alemania son más fríos, y acá todos dan besos y en Alemania no”, relató a modo de ejemplo.

 

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